Viernes 18 de diciembre de 2020, con la buena nueva de que está abierto el paso a la comunidad y la invitación a fiesta del tambor en Potrero de la Palmita, tomadas las medidas sanitarias necesarias, se realizó el viaje con rumbo a Tepic Nayarit, el cielo despejado y el sol brillando en lo alto, la presa de Aguamilpa se presenta con el nivel del agua un tanto alto, el movimiento es un poco más tranquilo de lo usual, un retén de la policía pide a la combi detenerse para inspeccionar a quienes llegamos, no miran nada inusual y permite el paso.
Mi compadre Isidro está en el embarcadero con la lancha lista para llevar la gente a Potrero, el motor se pone en marcha, al emoción se hace presente, el viento refresca el ambiente y los cerros como enormes guardianes nos dan la bienvenida a la sierra del Nayar.
Tawexikta está totalmente en calma, como medida de prevención, antes de entrar al pueblo hay que bañarse y cambiarse la ropa, María esta cuidando las cabañas, después de abrazo de bienvenida y conversar un poco me dice que puedo bañarme en la cabaña de atrás y que al rato irá Mónica a prepararme mi cuarto, así lo hago y me dirijo hacia la casa de Estrella, pues Elvia me invitó a comer ceviche, no sin antes ir a casa de Marina, quien sale a mi encuentro y nos miramos con gran emoción y nos abrazamos bien fuerte, un año completito sin vernos, sólo hablar por teléfono un par de veces.
Liborio está mirando la televisión, el saludo emotivo, el abrazo, la bienvenida a casa, y en el fogón una iguana se tatema.
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Atardecer de fuego |
La tarde transcurre mientras compartimos el ceviche, la plática, las risas, siempre hay risas, ese sentido del humor tan característico de todos por allá, el clima se siente bastante agradable, bajo la sombra de los árboles, un viento ligero refresca la tarde, aminora la intensidad de la luz, los tonos amarillos y ámbar pintan el cielo, el tono del atardecer se asemeja a la leña casi consumida en el fogón donde se tatemaba la iguana, la tranquilidad del rancho se deja sentir, el gusto por disfrutarlo me llena por completo, ya me hacía muchísima falta, agradezco.
La noche siempre tranquila invita a descansar, anhelaba ese sueño profundo que se logra en el silencio entre los cerros, en la oscuridad que acompaña los sueños. ¡Y qué sueños! Desde la primera noche quedó asentado lo profundo, vívido y develador que sería el mundo onírico.
Por la mañana el desayuno en casa de mamá Marina, las tortillas hechas a mano, con sabor a leña, una delicia de la que no me canso de hablar y en cada entrada de este blog estará, no importa las veces que se repita, cada mención es merecida, es un privilegio poder comer así.
Estábamos platicando cuando caí en cuenta de que había una flor blanca que no recordaba haber visto ahí antes, así que me acerqué y me sorprendí, porque si bien ya había visto en varias ocasiones atrás, las matas de jamaica con los botones con ese intenso tono rojo, era la primera vez que los veía en flor, como cada que me sorprendo de algo, me preguntaron que a poco no lo había visto antes, así que respondí que no y tomé un par de fotos, son esos detalles los que hacen que mi capacidad de sorpresa, de observación y admiración no se pierdan, me maravilla conocer el mundo, y eso es algo complicado en el contexto urbano, este último año con el encierro por la pandemia, era más que necesario para mi ser estar entre los cerros y sentir el viento, ver el cielo azul inmenso, mirar en cualquier dirección y ver espacio abierto, cada que alguien me preguntaba como estaba el encierro, le decía que bien feo y de inmediato decían, -no pus aquí todo abierto te va a caer al puro modo verdad-, ¡sí, así es!, ya me urgía venir- fue siempre mi respuesta.
Hay oportunidad de saludar y abrazar a Mamá Basilia, platicar, reír, disfrutar de la compañía mutua, la curiosidad por saber como van las cosas en Ciudad de México, que tantos enfermos hay, cómo hace uno para no contagiarse, contar como ha sido ahí en el rancho, como no dejan entrar fácil a la gente de afuera, -antes, ahora ya hay paso, estuvo cerrado totalmente, si no enseñabas tu credencial de que vivías aquí, no pasabas, te regresaban-, me dijo, -lo bueno que ya está más mejor todo y ya te dejaron entrar, ¿no te preguntaron nada los policías?-, le digo que no, que sólo se asomaron a la combi y como todos teníamos cubre boca sólo dijo, pásenle...
Disfrutamos de las delicias de la comida, la compañía, el lugar, el cariño y la amistad que con el tiempo, el trato, la compartición y la confianza hemos forjado.
Ir a la tienda, saludar a quien cruza camino, en la tienda misma, los abrazos, las sonrisas, pura vida dicen por ahí.
Para mi es un regalo atesorado vivir la sierra, los sabores, los olores, las vistas maravillosas de esos paisajes, el contacto con quienes ahí habitan, poner atención extra y escuchar no sólo las voces de la gente, sino de todo lo que ahí habita, esperar esa hora de la tarde cuando el viento se da cita para mecer las aguas de la presa con el sol en lo alto, los destellos de luz en el agua, las nubes atravesando como sigilosamente el cielo, las siluetas de los cerros que resaltan cada vez más conforme cae la tarde.
El momento en que el sol toca el horizonte y los tonos se transforman por completo, según sea el día, el destino, las condiciones atmosféricas dirían los que saben, las atmósferas siempre envolventes, para esta ocasión, toco vivir una de ensueño, colores violáceos en juego con el azul limpio y una ligeras extensiones de nubes que parecían como telas transparentes, envolviendo a la luna y entre los cambios de tono, el brillo tenue de las estrellas de plata, por un momento me quedé totalmente quieta y miré al rededor, la luz era difusa, el viento era suave y el agua golpeaba suavemente las rocas de la orilla, sentí como si no fuera "real", como si ese instante fuera de otra realidad, una en la que podría ir y venir por un rato, mientras el sol no se ocultase por completo, era como si no fuese posible distinguir si era de día o de noche, es decir, si anochecía o amanecía, fue un instante hermoso.
Hay varias "festividades" en puerta y en todas ellas es esencial que corra el nawá (tejuino, bebida tradicional de maíz fermentado), así que tocó poner a nacer el maíz, mamá Marina limpió un espacio entre los árboles para hacerlo, que no le de mucho sol, que haya sombra, que esté fresco, que no lo vayan a sacar las gallinas, así que se tapó con un nylon (pedazo de plástico), hay que regarlo cada cierto tiempo para que crezca bien.
Son ya 8 años de ir continuamente a Potrero, tiempo en el que he tenido oportunidad de ver, conocer, experienciar, compartir muchas cosas y a la vez pensaba, -y las que faltan-, porque es inmensa la riqueza de la vida en la sierra, tanto en el cotidiano como en el costumbre.
-El domingo vamos a ir pal rancho a donde tenemos unas vaquillas, así que te alistas temprano eh-, me dijo mi compadre Isidrio el día que llegué. Desayunamos primero unas quesadillas de maíz azul recién salidas del comal y ya luego bajamos al río para ir en la lancha, los picachos se miraban apenas recibiendo los primeros rayos del sol entre las nubes, el agua apenas y si se movía, el viento estaba fresco, ¡le dimos pal rancho pues!
Allá donde están las vaquillas, le llaman el Testerazo, Estrella y Elvia ya me habían hablado en varias ocasiones, es un lugar bien tranquilo desde el que aún se miran los Picachos pero desde otro ángulo, el agua ahí está mucho más tranquila, hay un par de carretores, donde se quedan cada van para allá, en el primer descanso de la subida está el más nuevo, otro más grande está arriba, hay bastantes árboles y vegetación, aunque por la época está bastante seco, el ganado anda pastando pero deben juntarlo porque van a vacunar, así que uno de los muchachos se monta en el macho y le dá pa arriba a ver donde andan las demás vacas, otros van a revisar como va la siembra de árboles, como parte del programa de "sembrando vida", mientras nosotros nos quedamos en el carretón admirando el paisaje un rato.
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Ganado para vacunar |
Ya luego de un rato regresan todos y nos vamos pa donde está el corral, para llegar ahí atravesamos un pequeño espacio plano donde hay mucho lodo, pero ala distancia pareciera que es un prado llano con el pasto bien parejito, es muy lindo el lugar. Ya que lograron juntar las vacas y formarlas, las meten y encierran en el corral para lazarla de una por una, tirarlas al piso con la patas amarradas y poderles inyectar la vacuna, aprovechan también para rociarles el cuerpo con líquido contra las garrapatas, es rápido todo, luego luego las sueltan y la que sigue, el lío es lograr lazarlas y jalar con fuerza pa amarrar, se ayudan entre varios, cada uno tiene un rol bien asignado, el que laza, el que empuja, el que ayuda a jalar la soga, el que rocía, el que inyecta, etc.
Según donde te pares se puede ver al fondo el cerro o el río, el tono azul del agua brilla con el sol que está en pleno.
Después del trabajo, viene la comida, así que ayudamos a preparar ceviche de camarón curtido en jugo de limón, con todos esos deliciosos ingredientes, jitomate, cebolla morada, pepino, limón, pimienta, cilantro, sólo de recordarlo se me hace agua la boca, las tostadas también tienen un sabor propio y en conjunto, que decir, ¡una delicia! ah, pero también hay carne asada con tortillas hechas a mano, pppfffff, no hay palabras, quedamos pero si bien satisfechos.
Ya después aprovechando que andábamos en la lancha fuimos de dejar un recado a otro rancho más abajo en otra parte del río, la vista valió la pena, esa sensación de andar entre los cerros, así como serpiente en el agua, es muy grata, si bien el sol cansa, el viento que pega cuando se pone en marcha el motor reanima un rato.
Ya a la vuelta fuimos con mamá Marina a contarle como nos había ido, platicamos, reímos y así se fue lo que quedaba de la tarde, por la noche vimos un rato la tele y a dormir rico y profundo, soñando sueños vívidos que persisten en la memoria.
Mamá Basilia me esperaba para desayunar, el compadre andaba fuera del rancho, trabajando pa la costa, así que saludé a la comadre, a la ahijada, al nene, a Chaca, reímos un rato, comimos tortillas calientitas, aproveché para saludar también a Tatiana que ya está bien grande, pasamos a gusto la mañana, llegó la hora de comer y de nuevo las tortillas estaban deliciosas acompañando a unos frijolitos de la olla y nopales guisados, repetí plato, ya tenía mucho que no comía así, en eso estábamos cuando escuchamos por la bocina que llamaban a las artesanas porque había gente (turistas para ver artesanía), así que con todo y tortilla en mano corrimos hacía la ramada a tender.
Con la pandemia obviamente les bajó muchísimo la venta, ya que no han dejado entrar turistas, pero desde hace poco menos de un mes, han recibido ya algunos grupos pequeños, así que no se pueden desaprovechar ninguna ocasión.
En mi visita anterior, estaban trabajando en la ramada para poner piso de cemento, ya lo terminaron y además hicieron un pasillo de la entrada de la reja a la ramada igual de cemento, sentí extraño caminar por ahí, así que sentía como si estuviese estrenando.
Varias mujeres estaban ya, tendiendo su artesanía, algunas recién nos veíamos así que nos abrazamos y saludamos con muchas ganas, cambió un poco la distribución a como cuando el suelo era de tierra, pues ahora sólo hay mesas a los costado, el centro queda vacío, ya que tendieron, comenzaron a barrer para quitar las hojas o la basura que el viento haya arrastrado hasta ahí, paso un ratito y nada, no llegaba la gente, se comenzaron a preguntar quien había convocado, -que según los que trajeron las despensas para le albergue querían ver artesanía- dijo una, pero como que todas comenzaron a dudar, me miraron, les dije, -no yo no fui, yo vine sola desde el otro día-, paso más rato y nada, le dijeron a un niño que fuera a ver si todavía estaban en el albergue las personas, a su regreso dijo, -que ya se fueron desde hace rato-, a lo que todas rieron y yo les dije, -bueno sirvió para que yo las saludara, ¡me da mucho gusto verlas a todas!- y se rieron más.
Y bueno, aproveché para tomar fotos y enviar a Cuidad de México para que eligieran que querían comprar, ya que me habían encargado así lo hiciera, ya llevaba yo fondos para realizar la acción, jajaja, a todas les daba risa cuando se los comentaba.
Después del encuentro no planeado para saludar a las mujeres, me fui para casa de Marina, quien ahora tiene puerquitos, es bien lindo ver como se emocionan cada que alguien se acerca para llevarles comida, sobre todo cuando Alejandro les lleva ramas de huamuchil, hasta pareciera que cantan y bailan de la emoción.
Uno de esos días, llegó ahora sí una familia a conocer el pueblo y comprar artesanía, por lo que la bocina avisó que se dieran cita a cierta hora en la ramada las artesanas y los músicos ya que también querían conocer de la música y la danza, así que aproveche que llamaron con tiempo de sobra para preparase y compré una ficha de internet para poder enviar las imágenes por whats y que decidieran que querían. Es de la conexión es todo un reto, suele ser muy inestable y tarda en llegar la señal, así que no era seguro lograr la comunicación. Pero después de batallarle un rato, parecía que se habían logrado cargar y enviar las imágenes.
Era como medio día y el paisaje estaba radiante, el cerro cuate se enmarcaba en un cielo azul profundo que se compartía con algunas nubes en la cima.
Ahora si, hubo venta de artesanía, música y danza, aproveché para saludar a Ramón Carrillo, platicar de nuevo con él y las mujeres, comprar las piezas que eligieron desde CdMx, adquirir unas para mí y recibir algunos obsequios también, siempre agradecida con la vida por permitirme esos momentos de compartición.
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Cociendo el Nawá |
Ya está próxima la fiesta del tambor, así que el nawá se puso a cocer, de apoco se va teniendo listo lo necesario, papá Liborio se la pasa bromeando que como será mi primera fiesta de tambor en la casa debo sonajear todo el día, que me vaya alistando.
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Noche azul |
Hay momentos irrepetibles y atmósferas inolvidables, son instantes que suceden y en los que parecieran evidenciarse o develarse "verdades" o cosas, no se a bien como explicarlo, sólo sé que acontecen y que se quedan para siempre, a veces hay palabras, una frase, una charla, a veces sólo hay miradas o gestos, a veces son silencios, también pueden ser acciones, la cuestión es que por un instante pareciera que todo entra en una pausa o al revés, como si todo hubiese acontecido ya o si todo se desarrollara en ese preciso instante, no se como explicarlo, es una sensación, una imagen mental a una velocidad distinta, considerable, ajena pero cercana.
A lo largo de los días re encontrase con las mujeres de la comunidad, escuchar a los niños gritar mi nombre y tratar de ubicar de donde viene la voz para después reconocer los rostros y ver como han crecido, a veces me cuesta trabajo identificarles pronto, otras ocasiones más bien me cuesta creer que estén tan grandes, y no se diga cuando me encuentro con jóvenes muchachos y muchachas y me doy cuenta de que son los niños y niñas que conocí en las primeras visitar, tan sólo escribirlo ahora me genera una emoción bien grande, verlos tan grandes, sonrientes, es una sensación que no tengo a bien las palabras para explicar.
Estaba bien a gusto en el columpio en casa de mamá Marina, cuando se escuchó música que se acercaba, sobre la calle principal venía un bolón de gente con los músicos, todos nos asomamos entre las ramas de los árboles para mirar quienes iban, -van acompañando al mara `kame, lo van a ir a dejar a la cortina- ¿por qué lleva músicos le pregunté?, -porque es de los buenos y vino a cantar a una fiesta con Teresa, así que lo tienen que ir a dejar con música-, me respondieron. Y ahí se fueron, todos acompañándolo, ya después de un rato pasaron de vuelta a unos cuantos, -los demás seguro fueron en la lancha también, al rato van a pasar-, dijeron.
Una tarde antes de noche buena Elvia dijo, -y si hacemos piñata-, -yo tengo papel de china- dijo Marina, dale pues dijimos los demás, Feliciana preparó engrudo y nos pusimos a cortar el papel, haríamos una zanahoria y Alejandro dijo que haría otra piñatita, según serían con u globo y papel, pero como sólo faltaba un día, no se iban a secar, por lo que se decidió usar unos guajes que andaban rodando por ahí, para la zanahoria se uso uno medianito con na cartulina para hacer el cucurucho de la parte de abajo y el otro era uno que tenía fuga y ya no servía para guardar agua, según sería un santa clos, pero se convirtió en un ninja durante el proceso d eleboración.
Elvia sólo nos encarriló, porque después de un rato ya sólo estábamos Feliciana, Estrella, Aejandro y yo, esa tarde noche hubo visitas así que le paramos y ya al otro día terminamos lo que había faltado, estaban listas para quebrarse en la noche.
El maíz ya estaba nacido, así que habría que levantarlo para ponerlo a secar, es increíble lo rápido que creció, -es que con el nylon suda pronto y sale más rápido-, comentó Marina.
Como era noche buena, se prepararon tamales, aunque los probamos desde la hora de la comida en la tarde, muy sabrosos, bien rellenitos, lo bueno de prepararlos es poder hacerlo a modo, así que cada quien de los que estábamos cerca los amarramos distinto para poder distinguirlos después.
El clima fue cambiando conforme los días y para esa fecha ya en la noche se sentía frío, el viento pegaba fuerte por lo que había que taparse o estar temblando.
Llegó la hora de romper las piñatas, pero antes de eso, se acostumbra colgarles unas tiras de papel donde se escribe que regalo le toca o que tiene que hacer, como; hacer como perro, bailar, cantar una canción, hacer como chivo, hacer como gallo, hacer como burro, etc, o bien ganaste una galletas o un jugo y así, pasamos de uno por uno para que mientras Alejandro movía la piñata de zanahoria con una cuerda uno intentaba arrancar una tira y leer que había tocado y hacerlo y así pues fuimos pasando y haciendo y riéndonos un montón y ya luego pegarle ahora si y romperla para ganar dulces, fue un rato muy divertido.
Ya más noche íbamos a ir a casa de Florentina para convivir un rato allá, pero antes fuimos a casa de Ricardo porque ahí había festejo por parte de los que están en el programa de "sembrando vida" quienes cooperaron para preparar varias cosas de comer y beber, había guachile bien sabroso con tostadas, hacía bastante frío repartieron ponche y había una fogatita porque si se necesitaba calorcito, así que nos sentamos justo ahí para calentarnos, el cielo estaba despejado y la luna alumbraba justo sobre nosotros, el viento arreciaba y con ello el frío, yo dije que mejor ya me iba, ea como la una de la mañana, al otro día me enteré que casi se la amanecieron.
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Caliguey de la comunidad |
Al otro día estaba todo bien tranquilo, muchos en el pueblo estaban durmiendo, llegó la tarde con un sol bien agradable, como que no se sentía mucho calor, seguro que para la noche el frío se dejaría sentir de nuevo.
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Prevención en Potrero |
Las medidas de sanidad no sólo se llevan en la ciudad o en Tepic, también en la comunidad se hicieron campañas para difundir cuales eran las formas de evitar e contagio y en los tanques de agua uno podía estar al tanto de ello, con gran colorido la referencia a los cuidados que había que seguir, para ese momento ya casi no se veía a nadie con cubre bocas, pero dicen que meses atrás se hizo como en otros lados, evitar salir de sus casas y usarlo al ir a la tienda o al estar con otras personas.
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Noche de inicio a Fiesta del Tambor |
Llegó la noche en que debía iniciarse lo necesario para la fiesta del tambor, se compraron las velas, se dispuso lo que a cada cual le correspondía, los cantadores prepararon el fuego y las madres llevaron las sonajas de sus respectivos hijos, el tepu se alistó con el calorcito de tatewari, nos reunimos a su alrededor, se dio inició a esa ceremonia del costumbre, como desde hace ya un poco de tiempo, se me indicó que hacer, cuando me podía ir a dormir y a que hora estar al amanecer. -Tu también tienes que cumplir-, me dijeron.
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Fiesta del Tambor |
A primera hora y en ayunas, regresé al solar, donde ya estaba alistándose todo para empezar, el saludos al fuego la presentación, los cantadores, los niños y niñas, las presencias, las ofrendas, el nawá, el chocolate, el agua, las flores y demás elementos, el primer toque del tepu, la formación, el inicio del viaje y entre todo ello, yo, -todos todos en fila alrededor, ándale Jaru todos vamos a ir- me decía Arcadio a la vez que indicaba con el brazo que nos dirigieramos al centro, la sensación es extraña de inicio, indescriptible conforme avanza el día, cada tanto hay que atender los llamados y dar ciertas vueltas al fuego, al tendido con las ofrendas, a donde está el becerro que deberá ser sacrificado a cierta hora.
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Ofrenda |
Los niños sonajean, Yuri está entre ellos, ha crecido bastante, el cielo está completamente despejado, Elvia y Estrella trajeron sillas de su casa y las pusimos bajo el árbol grande para estar en la sombra, Anselma me indica de cuando en cuando que hacer, el cantador y los secunderos van guiando, de cuando en cuando se da de beber al fuego, se le da de comer también. Me llama la atención un niño en especial, en una mano tiene la sonaja y en la otra una pistola de juguete, pareciera que sonajea ambas a la vez, no suelta ninguna.
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Becerro ofrenda que conoce su destino |
El becerro está atado muy cerca, es parte esencial de la fiesta, le colocan su listón blanco en la frente, se deja acariciar, es extraño, me da la impresión como si supiera lo que va a ocurrir. Cada que pasamos alrededor de él pienso que su soga es muy corta no se puede casi que mover, sin saber a bien qué, se que cada que el cantador pasa junto a él habla sobre que significa, cual es su papel ahí, el animalito nos mira, algunos niños lo tocan.
El cantador sigue guiando el viaje, el recorrido es arduo, entre las nubes se van solicitando los permisos para abrir las puertas, el territorio sagrado nos recibe.
Ha llegado el momento en una de las sucesiones de vueltas, nos dirigimos al becerro ya que su hora de servir a llegado, no opone resistencia a ser acostado en el suelo, el cuchillo y el canto hacen lo propio, es un momento crucial, mi corazón está al máximo, se suceden una serie de acciones propias del ritual.
Pienso muchísimas cosas y a la vez me quedo por un instante en blanco, una mezcla se sensaciones me atraviesa, no es lo mismo ver todo a la distancia a ser parte de la escena en acción, como me dijera alguna vez un amigo danzante, -es muy distinto cuando estas fuera, a cuando eres parte del círculo-.
El nawá está como elemento esencial en las ofrendas, y también corre entre los presentes, las mujeres reparten litros y litros como parte de la compartición.
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Ceras |
Conforme se acerca el medio día la gente se va acercando, las mujeres de la familia van alistando lo necesario, será el momento de repartir la fruta, los tamales, los alimentos.
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El camino recorrido |
Papá Liborio forma parte del grupo de cantadores junto con mi compadre Isidro, el tepu suena las veces necesarias, el canto mantiene nuestro recorrido, entre ellos al nawá le acompañan también el tequila, el acohol puro, los cigarros, el tabaco, a sus pies el itari contiene las ofrendas para el venado, los elementos ahí son muy variados, hay de todo lo que se relaciona con sus respectivos cargos tradicionales y sus labores y trabajos.
El becerro ya fue debidamente limpiado, entre los hombres y mujeres encargados se ha llevado a acabo la labor, la piel cuelga ya de la rama de un árbol, las visceras y cabeza descansan en una carretilla y los trozos de carne cuelgan de una soga, los niños se acercan a mirar la cabeza y juegan a pelear con él.
Creo que quiero pensar que el ese ojo ahora inerte hay un cúmulo de conocimiento compartido que se adhiere a quien se toma el tiempo de ver y escuchar.
Hay que agradecer y bendecir según lo acordado, se realizan las acciones pertinentes, se limpia para ofrendar el cansancio, el esfuerzo.
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Metzeri testigo |
Se apaga el toque del tepu, los cantos cesan, el sol se oculta y la luna es testigo de los vestigios de un viaje a través de las nubes, siento como si el tiempo fuera infinito o bien hubieran pasados muchos días en el espacio en que suele ocurrir uno sólo, miro alrededor y es como ver escenas dentro de escenas, no se como decirlo d de otra manera.
Todo lo vivido es motivo de múltiples reflexiones, ideas, cuestionamientos y algunas comprensiones, que lejos está la idea romántica de las tradiciones, que fuerte el compromiso de mantener el costumbre y que difícil la encrucijada en la que se encuentran.
Con todas las implicaciones que se suscitan, agradezco la oportunidad de compartir.
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Con Ricki |
En el transcurso de los días, algunos visitantes llegan y piden ver la artesanía, tengo oportunidad de convivir en esos espacios con las mujeres, Ricki y Yordi hacen de guía según la ocasión, así que también aprovechamos para platicar, recuerdo que hace unos años cuando estaban más chicos siempre contaban historias que inventaban sobre personajes que veían en la tele, ahora ya casi no hacen eso, más bien les pregunto que les gusta hacer cuando van a la escuela o les pregunto por sus hermanos y hermanas que ya casi no veo, me dicen que andan trabajando pa la costa o que ya se casaron y viven en otro lado.
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Tau a través del Cuastecomate |
Que agradable son las tardes en el solar de mamá Marina, el sol en lo bajo baña todo de una calidez dorada, las sombras de los árboles se extienden por el suelo hasta perderse, el viento refresca y la noche se siente fría, la luna acompaña, pero antes de su salida, el cielo se llena de brillantes estrellas, en las noches que he pasado en esta visita, puse atención en las ubicaciones de ciertos grupos de estrellas de acuerdo a la hora y el como cambiaron al paso de los días, al inicio me confundía porque al haber tantas no lograba ubicar las que según yo si sabía cuales eran, jajajaja, pero fue muy grato poder reconocerles poco a poco y estar al tanto de hacia donde se movían o en que dirección las encontraría.
El cambio de clima terminó por hacer mella en mí, más el hecho de que Alejandro tenía gripa, por lo que los últimos días de mi estadía ya andaba yo también moqueando, sin que ello fuera impedimento para asistir a otra fiesta de la que ya me habían avisado para que estuviese presente.
En casa del abuelo Pancho, papá de Basilia y Marina, alistamos lo necesario, eso incluía el nawá, pasamos por velas y fuimos para velar un rato junto al mara `akame cantador a quien aprecio mucho, el tío Aureliano, estaban también Julia y Chaca, entre otros, se sentía el frío así que me senté cerca del fuego, como su casa está en la parte alta del pueblo se puede ver clarito todo alrededor, por el cielo cruzaban nubes ligeras que con el viento podías distinguir bien clarito la dirección en la que se dirigían, la luna se podía ver cada que ellas lo permitían, los tonos del cielo cambiaban según la intensidad de la luz que atravesara las nubes, la atmósfera era en verdad mística.
Los cantos dieron inicio, las vueltas alrededor de Tatewari presentaban al maíz a los cuatro puntos, las ceras se encendieron, el mara`akame nos limpió y me indicó que tenía que estar a primera hora para concluir la limpia, así que me quedé hasta que Miguel decidió irse, ya era de madrugada y caminamos atravesando el pueblo con la sola luz de la luna, es increíble la claridad que se tiene, hasta sombras se alcanzan a proyectar, la tonalidad pareciera azulada, las estrellas se dejaban ver entre las nubes, la gripe me hizo dormir rápido y tener sueños aún más vívidos.
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Noche de inicio de Fiesta |
Por la mañana pasé por mamá Marina a su casa, me dijo que había regresado temprano como a las 7 para y que antes de ir con Pancho, teníamos que ir con Elvia para recoger a los chivitos que había comprado, de hecho un día antes, Miguel, Alberto y Alejandro habían armado un corralito para tenerlos, así que fuimos por ellos, Cata nos dijo cuales eran, fue muy divertido andarlos llevando y meterlos a su nueva casa, les dio de comer y les puso agua, de inmediato se vio cual era el más inquieto, uno que para comer daba de topes a los demás para que se quitaran.
Nos fuimos para casa de Pancho, en el camino pasamos por fruta porque también habría repartición, se realizó el costumbre, la fiesta del maíz tostado, Maricela fue a encargada de realizar la labor, le acompañaron Marina y Basilia, el fuego ardía bonito, las semillas sobre el comal fueron bendecidas.
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Tostando el maíz |
Se preparó el caldo de venado, se coció con el fuego ceremonial, el canto se escuchó, las ofrendas se realizaron de acuerdo al costumbre, diría mamá Basilia - Ya está, se cumplió, nosotros cumplimos lo que nos tocaba-
El mara`akame nos limpió nuevamente, se realizó la repartición de nawá y fruta entre los presentes.
Se le ofrendó también al cazador del venado, se le entregó su dote, de nawá, frutas, tamales y semillas, es la primera vez que me toca ver eso, se le agradece, se le saluda y abraza.
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Caldo de venado |
Comí el rico caldo, convivimos un rato, hubo muchas risas, luego un poco de música, algo de baile tradicional, se me olvidó por ratos la gripa.
Nos quedamos un rato a platicar, la vista desde ahí es amplia, como es la orilla es aún más tranquilo, recuerdo que la primera vez que me tocó estar en una ceremonia fue justo con Pancho, esa vez Basilia y Marina me invitaron a su petate, todavía él podía cantar, ahora ya está más grande y más enfermo pero aún presente y cumpliendo en lo posible la tradición.
En la ramada estaba tendida la piel del venado que se cazó para la fiesta, no era muy grande, aunque comentaron que si estaba algo rellenito, el sol ya estaba en su apogeo, la forma en que brillaba sobre el pelaje era de llamar la atención, el contraste con el cielo azul, me hizo pensar nuevamente en lo complejo que es en realidad la vida, pero a la vez en lo sencillo que pudiera llegar a ser vivirla.
Ya en el camino de vuelta a casa de mamá Marina, de pronto escuché mi nombre, cada vez más fuerte y varias voces, caí en cuenta que los niños estaban trepados en un árbol, al pasar junto a ellos gritaron -¡selfi, selfi!- les dije que ya no tenía pila el cel, pero que sí llevaba la cámara, así que según se quedaron quietos para salir bien, esos momentos cuando de la nada comienzo a escuchar que gritan mi nombre, me dan mucha alegría, porque sé que son ellos y que siempre tienen una gran sonrisa para compartir.
El sol está en lo alto, hay poco movimiento en el río, la vista desde las cabañas es siempre maravillosa, paradisiaca dirían algunos, para mí es un sueño hecho realidad, cada que siento que me ahogo en el encierro de la ciudad, cierro los ojos y veo ese paisaje, esos cerros y esos colores brillantes, siento esa calidez y respiro profundo, pensando que regresaré y estaré ahí, sintiendo esa tranquilidad envolverme por completo, saberme un puntito en la inmensidad de la sierra del Nayar.
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Presa de Aguamilpa desde Tawexikta |
Llegó el día de regresar a la ciudad, nublado, seguramente llovería, esta vez no podría quedarme al cambio de varas, pero ya dejaba todo listo para poder cumplir y pagar lo del año pasado, mamá Marina ya tenía casi listo el nawá, además no había la certeza de si se realizaría o no el cambio, pues se había dicho que se había cancelado por lo de la pandemia, por las dudas, había que estar listo.
Almorcé birria que preparó mamá Marina y me pusieron lonche para que comiera, frijoles de la olla y nopales guisados con su debida dotación de tortillas.
A casa de Marina se fue a despedir mamá Basilia, les agradecí a ambas el que me recibieran con tanto cariño y me compartieran de su vida, me encaminaron al río Chaca y Miguel, esa sensación de no querer irse pero saberse que habrá un regreso.
En el río ya me esperaba mi compadre Isidro con la lancha, estaba bastante más nublado, ya sobre el río si brisió un poco, el viento estaba bastante frío, miré con gran aprecio todo mi rededor, agradecí el permiso y el cuidado de la sierra.
Fue una estadía con varias experiencia nuevas y otras en las que se me ha permitido participar, muchas ideas y cuestionamientos han atravesado mi pensamiento desde entonces, no todo esta escrito, mucho está en mi, prefiero escribir sobre ello ya que haya comprendido mejor lo acontecido y lo que eso significa para mí.
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